Decirle a tu hija, hijo que quieres llevarle al psicólogo puede ser tarea ardua. Más que nada porque aun existe la percepción de que ir de visita es estar loco.

Nada más allá de la realidad. De hecho, me gusta explicar que quien viene a consulta es porque está dispuesto a hacer un acto de valentía. A mirar dentro y fuera y resurgir fortalecido.

A demás, no hablamos de locura aunque si le animo a que comparta conmigo sus sueños, que a veces puede creer que son locuras y es que es justo ahí donde se esconde parte de su talento.

Mi misión es que hablemos de las emociones y relaciones, que me permita descubrir su universo emocional y sus contextos de relación (la escuela, la familia, los amigos…) para poderlo comprender y desde ahí, poner rumbo al bienestar.

Lo que para mi es innegociable es que tu hija, hijo acuda solo al psicólogo. Porque me apoyo en el marco teórico de la Terapia Familiar. De entrada, quiero que sepas que veo la familia como un apasionante contexto de crecimiento y relación en el que se aprende a ser y a interser. Y que la incomodidad emocional es la señal de que algo diferente debe ocurrir para cambiar ese estado interno hacia la felicidad.

 

Mi intención es explicarte porqué es importante que vengáis juntos los miembros de una familia a sesión, especialmente la primera vez. Igual que es importante conocer los espacios de relación en los que se interrelaciona tu hija, hijo como puede ser la escuela, el instituto, las extraescolares, los clubs de deporte, …

 

Cada familia se distingue por su historia, empezando por el origen de cada progenitor, la creación, pasando por la llegada del primer hijo y sus diferentes etapas evolutivas, con sus logros y sus retos, la adolescencia, la adultez y concluyendo el ciclo de la vida. Todo ello influido por presente, el aquí y ahora. Una familia que está viviendo la covid-19 vive en un contexto social y sanitario diferente al que pudo vivir una familia a principios del 2000.

 

La Terapia Familiar Sistémica cuenta con diferentes escuelas y autores. Los principios compartidos son (Botella y Vilaregut, 2001)

  • Equifinalidad: Un problema o malestar puede deberse a distintos factores.

 

  • Totalidad: Para entender las interacciones familiares y aquello que incomoda es necesario atender lo que sucede desde el punto de vista de todos sus integrantes, incluso cuando es una persona la que consulta.

 

  • Circularidad: la familia y sus integrantes están interrelacionados entre sí. Lo que le ocurre a uno le afecta al otro y viceversa. Para mi es la imagen de un circuito de dominó, cuando una ficha cae las demás siguen esa inercia. La incomodidad de un miembro se transmite a los demás y afecta en su conjunto, la familia.

 

Otros aspectos que quiero resaltar son:

  • La realidad se crea a partir de lo recibido y lo que se vive:

Cada persona que forma parte de la familia aporta su visión y manera de entender el mundo y de relacionarse en él. La influencia de la historia familiar está presente en las distintas generaciones.

 

  • El lenguaje crea la realidad:

En función del uso de las palabras se crea una realidad única para cada miembro de la familia que influye en su sentir, percibir y estar en la relación familiar. El lenguaje ofrece estructura y comprensión. Aunque es importante entender qué significado da cada uno a una misma palabra.

 

  • La comunicación crea la relación:

Comunicar es la acción por la cual nos relacionamos. El lenguaje tiene especial influencia en el sentir y el hacer, y influye directamente en el ser del niña/o y el adolescente. Es necesario acoger el significado que cada miembro da a una palabra para que tengo un sentido compartido.  Otro día te hablaré de la Teoría de la Comunicación Humana de Paul Watzlawick porque me parece apasionante.

 

  • El ciclo vital de la familia:

La familia es un sistema vivo y determinado por el ciclo vital: El malestar percibido por alguna de las personas que forman parte de la familia permite que se generen los cambios necesarios para llegar al bienestar o una forma más funcional de convivir.

 

  • El ciclo emocional de sus integrantes:

El estado interno de la persona influye en las relaciones familiares y en el contexto.

 

  • El todo es más que la suma de sus partes:

El conjunto familiar va mucho más allá de la suma de sus integrantes. Es una oportunidad de aportar y transformar en función de la accesibilidad a la información por todas las partes, dando la posibilidad de un mayor conocimiento.

 

¿ENTONCES, PORQUE VENIR JUNTOS A LA SESIÓN?

 

  1. Lo que siente uno, influye en los demás. Porque lo que le ocurre a tu hija, hijo también te está ocurriendo en mayor o menor medida a ti, a sus hermanos y demás miembros de la familia. Os afecta como cuando en un dominó, una ficha coge inercia.

 

 

  1. La familia es su colchón y su trampolín. Es el campo de prácticas del amor más genuino y también de los conflictos más exhaustivos. Es el contexto en el que se desarrolla, aprende, crece, se equivoca y vuelve a empezar. Puede que a veces sea tan alta su sensibilidad emocional que lo único que expresa con su hacer es el malestar que percibe en el ambiente.

 

  1. Está en pleno proceso de desarrollo. Necesita a su familia para poder encontrar su lugar en el mundo y en su entorno próximo. Ella o él puede cambiar si su entrono también cambia. Y es con quién convive que puede sentirse seguro para afrontar el cambio que le aporte mayor bienestar.

 

  1. Tu hija, hijo siente y expresa sus emociones respecto su proceso de madurez. En las etapas evolutivas, la familia tiene la función de ofrecer un espacio relacional de seguridad en el que los hijos pueden sentir y expresar para aprender sobre sí mismos y los demás.

 

  1. En los retos del crecimiento aparecen emociones. Tu hija, hijo siente emociones como el miedo, los celos, la rabia e incluso la tristeza fruto de una experiencia de cambio o pérdida.  Disponer de herramientas de gestión emocional puede marcar la diferencia entre sobrevivir a las emociones o aprender a reconocerlas, escucharlas, atenderlas, sostenerlas y transformarlas. Y desde ahí, poner rumbo al bienestar.

 

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LA GESTIÓN EMOCIONAL

Quiero que sepas que la gestión emocional es tarea ardua en pequeños y mayores.

Suele coincidir que a menor edad menor regulación emocional y requieren más ayuda en la gestión de sus emociones.

La adolescencia suele ser otra etapa en la que por la propia reorganización cerebral y todos los cambios fisiológicos y psicológicos, el adolescente puede estar más intenso y explosivo en sus reacciones emocionales. Y por ello, también requiere de tu atención y acompañamiento en la búsqueda de soluciones para la expresión emocional.

De hecho, la función cerebral encargada del control de los impulsos y la regulación emocional está en pleno proceso de desarrollo y dicen los expertos en neurociencias que el cerebro se termina de desarrollar hacia los 25 años.

TIPS DE GESTIÓN EMOCIONAL

Hoy comparto contigo 3 Tips para que guíen la gestión emocional de tu hija, hijo, y ¿por qué no la tuya? Ten presente la etapa evolutiva en la que se encuentra ahora:

 

  • Acoger, validar, empatizar con la emoción del niño / a.
  • Ofrecer opciones y alternativas al niño / a en su reacción, provocada por la emoción de pérdida, que le ayuden a ir integrando este valor.
  • Dar tiempo y espacio al niño para expresar su sentir, y estrategias de regulación emocional en el adulto para transformar.

 

REFLEXIÓN FINAL

Por último, te propongo una reflexión que puede darte otra visión de la realidad cotidiana:

 

  1. ¿Qué pasaría si acogieras las reacciones emocionales de tu hija, hijo como una señal de cómo se siente en vez de una manera de ser?

 

  1. ¿Qué cambiaría si percibieras la rabia o la frustración, gestionada, como la fuerza necesaria que la niña, niño necesita para volver a intentarlo?

 

A mi modo de ver, la rabia nos da dirección, intención y compromiso con aquello que queremos lograr, sea un reto físico, emocional, académico, familiar, relacional, 

 

Àngels Martí

Psicòloga Familiar col. 9917

Mentora de Profesionales de la Infancia y la Adolescencia