A ti Marencalma,

Cuando la sensibilidad emocional es elevada existen varias rutas para conocerse mejor.

¿Qué tal ayudar a tu hija, hijo a conocerse buceando en su miedo?

Porque conoces la sensación de bloqueo, de presión en el pecho que te deja sin aliento. ¿Y esos días en los que te quieres ir al fin del mundo, lejos, muy lejos para evitar eso que tanto te incomoda?, dime ¿reconoces la sensación?

Tu miedo ha venido a visitarte. Ni bueno ni malo. Algo incómodo. Y tiene que serlo lo suficiente para que invite al cambio.

Porque evitarlo es expandirlo con parálisis o fuga que busca refugio. Y la niña, el niño pierde la oportunidad de conocerlo, sospesarlo, comprenderlo y tomar acción para transformarlo.

¿Qué te parece que tu hija, hijo bucee en el miedo para conocerse mejor?

Mi idea es que el miedo aparece para que aprenda algo sobre sí misma, sí mismo. Esa también es su función. Y además, da la energía necesaria para que cambie algo, su hacer o su creer, porque si es pequeñito se vuelve comodón y se instala en su habitación.

 

“BUCEAR EL MIEDO”

Bucear, según la Wikipedia, es el acto por medio del cual el ser humano se sumerge en el agua, ya sea el mar, un lago, un río, una cantera inundada o una piscina, con el fin de desarrollar una actividad profesional, recreativa, de investigación científica o militar con o sin ayuda de equipos especiales.

Hoy vamos a hablar del buceo tradicional o buceo libre.  El que se practica sin ningún otro utensilio más que un buen manejo de la respiración.

Imagina a tu hija, hijo bloqueado por un cambio que requiere de su parte un esfuerzo. Por ejemplo un cambio de escuela. Estarás de acuerdo conmigo que los retos implícitos son varios:

  • Cambio de ubicación
  • Nuevos maestras y maestros
  • Otros compañeras y compañeros
  • Metodología de aprendizaje desconocida
  • Otra comunicación
  • Nueva dinámica de relación propia del contexto en particular (entre otros muchos cambios más que citaré otro día)

Y ahora viene el juego:

  1. Explícale a tu hija, hijo que se imagine que está dentro del mar y quiere bucear. ¡Ponle un poco de diversión, a lo Mary Poppins para que la experiencia sea jugada! Puede ponerse unas gafas de buceo o vestirse con el traje de baño. A lo mejor le apetece ponerse un gorro acuático o incluso unas aletas, si las tiene. Antes de “sumergirse” recuérdale aquellos logros que ya forman parte de su vida. Y ofrécele que añada todo aquello que recuerde. Es el momento de nadar en la memoria (una recomendación, ¡por cada “pero” que recuerde añade algo que superó!).

Por ejemplo:

  • La montaña que escaló con su mejor amigo
  • La piedra de la que saltó para nadar en el lago
  • Sus primeras colonias
  • Una prueba de conocimiento que le aterraba.

 

  1. Escoged 1 cualidad que ha desarrollado fruto de estas experiencias. Puede que sean “valentía, fuerza, perseverancia, agilidad, confianza, amistad”, …

 

  1. Llega el momento de practicar la atención plena mediante la visualización. La atención plena se basa en poner la atención en la respiración, sin controlarla, sencillamente siendo consciente de su recorrido. Escoged una de estas experiencias y con los ojos cerrados se imagina reviviéndola. Su única acción es poner atención en la respiración mientras tú guías la experiencia visualizada anclando la cualidad como si fuera un mantra.

 

¿Qué es lo siguiente que ocurre?

 

  1. Celebrad su logro para que recupere la confianza en sí misma, en sí mismo y crezca emocionalmente, conociéndose un poco más. Podéis crear un bonito cartel con alguna técnica de ilustración como el lettering y que incluya la cualidad que escogisteis.

 

Recordar una experiencia de aprendizaje, por muy desagradable que nos parezca, tiene grandes beneficios en tu hija, hijo. Entre ellos, se refuerza su bienestar psicológico porque

–          Se pone la mirada en lo positivo, en lo aprendido

–          Sostiene la incomodidad

–          Se abre a lo nuevo

 

Y además, ¡se demuestra que puede y que transformar el miedo en amor requiere de un tiempo!

 

Deseo que sea útil para ti y tu hija, hijo.

 

Àngels Martí

Psicóloga Familiar y Mentora de Profesionales de la Infancia y la Adolescencia.