Querida Marencalma,

Hoy pongo rumbo al Bienestar Emocional en Altas Capacidades, de forma visible.

Hace 20 años que acompaño a las familias y si algo tienen en común es la necesidad de sentirse escuchadas y comprendidas. La mayoría de la infancia y la adolescencia llega a consulta porque:

  • En clase:
    • no atiende: está como desconectado, le interesa muy poco lo que se hace, …
    • está aislado: casi no habla y vive en su mundo, se relaciona poco, …
    • tiene un comportamiento disruptivo en el aula: va de “listillo”, replica al maestro, habla todo el rato, …
    • se queja constantemente: las injusticias movilizan intensamente su actitud y su sentir.
    • Se bloquea en los exámenes o en las presentaciones orales.
    • Se aburre y no le gusta ir a la escuela.
    • Sus notas han empeorado.
  • En casa:
    • Su frustración es intensa
    • Su queja constante
    • Pasa de una emoción a otra en menos de 1 segundo
    • Su miedo le impide ir solo al baño, dormirse solo, quedarse huérfano, …
    • Se pregunta sobre cuestiones filosóficas, la existencia del mundo, la muerte, …
    • Requiere de argumentos lógicos para colaborar, estudiar o motivarse, …
    • Como se comprensión y vocabulario suele ser maduro, se esperan reacciones emocionales maduras.
    • Su familia está agotada, no lo comprende, todos se desbordan con facilidad

 

Algunas familias traen un diagnóstico bajo el brazo de hiperactividad, déficit de atención, fobia social, conducta negativista desafiante, …

En esto años he aprendido a ver más allá de la etiqueta. A ver que esta infancia y adolescencia tienen aspectos en común. Un humor especial, un ingenio genuino, una creatividad expansiva, un razonamiento incansable, …, y una intensidad emocional particular.

Alguno de ellos ha sido detectado de Altas Capacidades, Superdotación o Talentoso. En el mejor de los casos, se ha atendido académicamente sus necesidades educativas especiales debido a su gran inteligencia cognitiva. Sin embargo, el acompañamiento emocional y el desarrollo de la inteligencia emocional ha sido una responsabilidad familiar y menos escolar. Quiero creer que esta realidad está cambiando. Y soy consciente de que todavía queda una larga travesía para atender a estas personas de forma integral.

Descubrir el océano emocional de las personas, implica sumergirse en la profundidad de sus aguas y observar que hay miles de animales acuáticos de todas las especies, con sus colores, formas y singularidades. Entre ellas las personas con Altas Capacidades (AACC). Ni todas sienten igual, ni todas expresan sus emociones de la misma manera.

Tener altas capacidades, igual que tener los ojos azules o medir 175 cm, implica una forma concreta de ver el mundo, de sentirlo y de relacionarse en él. El miope no lo ve de lejos, y el de 175 cm. lo ve desde una altura diferente a la del de 165 cm.

En las AACC, la sensibilidad emocional es elevada y aparecen emociones intensas que a menudo se viven como auténticos tsunamis dentro de la familia. Muchas madres y padres se sienten agotadas porqué perciben a su hija, hijo como una persona demandante, enérgica, intensa y explosiva.

Desde mi experiencia profesional, personal y familiar, la única diferencia entre las realidades de la infancia con o sin alta capacidad es como sienten y expresan:

–             La frustración cuando su expectativa no se cumple.

–             El miedo cuando creen que no podrán afrontar una situación.

–             La tristeza cuando viven la pérdida.

–             La alegría cuando celebran un reto.

Entre otras emociones que coexisten en su cotidianidad.

Uno de los aprendizajes que interioricé en Psicología Evolutiva es que una persona es la suma de su información genética, su temperamento y el contexto en el que crece y se interrelaciona. Las dos primeras vienen de serie. La tercera es una tierra fértil en la que el adulto puede abonar con mucho amor y humor para que esa infancia y adolescencia, emocionalmente intensas, crezcan hacia una vida adulta plena y en conexión con sus fortalezas.

Las AACC navegan a menudo con la Alta Sensibilidad Emocional (PAS). Un ejemplo de ello se ve en algunas personas y cómo perciben el arte en todas sus expresiones. Conectan fácilmente con la creatividad y su belleza y pueden emocionarse presenciando una puesta de sol, contemplando una escultura o escuchando un relato.

De Joe Dispenza escuché que la personalidad es el conjunto de hábitos repetidos en el tiempo que se convierten en una manera de hacer que influye en tu idea de ser.

Yo te propongo vivir la singularidad emocional de las AACC, que a veces se nos hacen tormenta, como un mar de posibilidades, un mar que invita a la calma y a la confianza.

Una confianza para acompañar desde tu propio autoconocimiento para poder entender, atender, sostener y transformar el sentir de tu hija, hijo y e tuyo propio. Porque tener AACC es algo más que una gran inteligencia cognitiva. Es imprescindible acompañar la infancia y adolescencia en el desarrollo y evolución de la inteligencia emocional, la brújula que marca la relación con uno mismo y con los demás. Para que, por fin, tener AACC implique vivir en bienestar emocional además de disponer de una inteligencia cognitiva superior a la media (según la clasificación que se hace a partir de unos test que miden la inteligencia cognitiva).

 

Àngels Martí

Psicóloga Familiar y Mentora de profesionales de la Infancia y la Adolescencia

Bienestar Emocional en Altas Capacidades